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Su pensamiento político, su trayectoria

Dr. Carlos Manuel Vicente

26 febrero, 2010 Publicado en Comentarios

Dr. CARLOS MANUEL VICENTE: CONCIENCIA HISTÓRICA DE LA SOCIAL DEMOCRACIA COSTARRICENSE Y EL PLN

Coincido con quienes piensan que la historia de nuestro país, desde los años cuarenta del siglo pasado hasta nuestros días, no se puede entender ni valorar correctamente, sin evocar y tener presente el pensamiento, la obra monumental y las acciones de bien nacional desarrolladas por esas cuatro grandes figuras de la historia Patria que son don Pepe Figueres, el Dr. Calderón Guardia, Manuel Mora y Monseñor Sanabria. Ellos son los Padres Fundadores de la Costa Rica moderna.

Pero no siempre hacemos justicia a los hombres y las mujeres que estuvieron a la par y compartieron la intimidad espiritual y política más profunda de esos Próceres de Costa Rica, así en las horas de triunfo y alegría como en los días de derrota y tristeza, así en sus acciones políticas e institucionales visionarias y también en sus errores humanos y políticos. Por eso me llena de satisfacción y de orgullo que hoy, en este Salón de Ex Presidentes de la Asamblea Legislativa, se le rinda homenaje de admiración y cariño al costarricense que más conoció políticamente a don Pepe Figueres, su amigo entrañable, su compañero y confidente de conspiraciones grandes y pequeñas, su hermano de luchas políticas y de otra naturaleza, su cuate más intimo, el que siempre lo vio y respetó como su indiscutible General en Jefe, quien fuera su Diputado por tres veces, su Ministro de Gobernación y su representante de siempre en el Directorio Político del Partido Liberación Nacional.

Para mí, por ello, es un honor inmerecido decir hoy ante Ustedes unas palabras sobre el Dr. Carlos Manuel Vicente Castro.

Carlos Manuel, entre los difíciles y complejos avatares de la vida de todos los seres humanos, practica y tiene como norma de conducta una virtud bien escasa y que lo hace a él, por poseerla, un hombre de un extraordinario valor y de una condición excepcional. Esa virtud es la de la lealtad. Una virtud que lo ha llevado, después de la muerte de don Pepe, a mantener vivo y vigilante el espíritu revolucionario del 48 y a recordarnos todos los días, a los liberacionistas de hoy, sesenta años después del alzamiento militar en la finca La Lucha y de la Proclama de Santa María de Dota, que el pensamiento figuerista es el origen y la fuente primaria de referencia para la social democracia costarricense y que, aquellos compromisos sellados con sangre, no deben agotarse ni olvidarse nunca, mientras haya hombres y mujeres dispuestos a luchar, en este país, por la justicia social y por el desarrollo económico en libertad y con democracia.

Esa es la razón de ser del Partido Liberación Nacional y ese es el compromiso que Carlos Manuel Vicente se ha encargado de recordarnos y volvernos a recordar, no solo cada cuatro año cuando se celebran las elecciones nacionales, sino con admirable terquedad cotidiana, en cada publicación del Grupo Raíces, en cada reunión, en cada sesión de trabajo, en los Congresos Partidarios, tomando café, en una conversación personal o telefónica, en la cátedra universitaria o en la capacitación política, en cada mensaje y casi que en cada instante de una vida dedicada, con lealtad impresionante, a mantener vivo ese gran tesoro de todos nosotros que es el pensamiento y la obra de don Pepe Figueres .

Por eso digo que Carlos Manuel Vicente es la conciencia histórica del Partido Liberación Nacional y de la social democracia costarricense.

Aunque como miembro de la Juventud Liberacionista conocía por referencia obligada a nuestro homenajeado de hoy, personalmente entré en relación de trabajo con Carlos Manuel en la campaña política que perdió Luis Alberto Monge contra don Rodrigo Carazo, en 1978. En esa campaña fui su asistente en una oficina de conspiración política y de propaganda en la Avenida San Martín, por el lado de la Corte Suprema de Justicia. Desde entonces, más allá de las diferencias generacionales y las experiencias personales, me he sentido de verdad su amigo y, de alguna forma, su discípulo.

Al menos, esto último, lo de discípulo político, en algo que le escuché decir en los días posteriores a la derrota de febrero de 1978, cuando todas las aguas internas se conmovieron hasta lo más profundo y los vientos de una gigantesca tormenta generaron una de las peores crisis por las que ha pasado el Partido Liberación Nacional en su larga historia de servicio al país y es aquello de que “las peleas hay que darlas adentro y no afuera del partido”, en referencia a la ruptura con Liberación Nacional de don Rodrigo Carazo y a su triunfo electoral reciente, como resultado de su alianza con el calderonismo y con los grupos más conservadores del país.

Recuerdo a Carlos Manuel diciéndonos: “Macho Carazo se va a enredar, ahorita se pelea con los grupos conservadores y ese matrimonio con el calderonismo tampoco va durar mucho tiempo”. El tiempo le dio la razón. También le escuche decir en aquellos días de derrota electoral: “los amigos de verdad se conocen en estas terribles derrotas”, refiriéndose al enorme intrigadero que se desató en esos días al interior del Partido Liberación Nacional. Así, en una coyuntura política adversa, nació mi profunda amistad y aprecio por Carlos Manuel Vicente y una relación de trabajo político que ha durado desde entonces hasta el presente, por más de 30 años.

Cuatro años después, en 1982, ganamos las elecciones con Luis Alberto Monge, en uno de los más grandes triunfos electorales del partido, cerca del 54% de los votos y 33 Diputados a la Asamblea Legislativa. Luis Alberto me hizo su Ministro de la Presidencia y, a los pocos meses, se nos vino encima la más grande crisis por la que ha pasado la Zona Sur del país, producto del retiro de la Compañía Bananera que, en cuestión se semanas, quería entregarle todo al Gobierno de la República: enormes extensiones de tierra, las casas de la Zona Bananera en Golfito, las casas de los peones en las fincas, hospitales y dispensarios, boticas, líneas de ferrocarril, muelles, maquinaria y equipos y, además, lo más grave, el futuro de cientos de trabajadores y sus familias que quedarían cesantes y una enorme región del país que quedaría sin su fuente de empleo fundamental que estaba ligada a la explotación bananera.

En la Casa Presidencial de entonces nadie lo dudó: el hombre para enfrentar la crisis de la Zona Sur era Carlos Manuel Vicente Castro y así se decidió. Me fui feliz a buscar a Carlos Manuel a su casa y de inmediato aceptó y se puso a las órdenes del Gobierno de la República. Se le designó como una especie de Comisionado Nacional para la Zona Sur, la región de sus sueños y empeños. No pasaron ni 48 horas cuando íbamos por carretera en camino hacia Golfito a reunirnos con el alto mando de la Compañía Bananera y altos ejecutivos que habían venido desde los Estados Unidos. Desde el camino, en la toyotona ministerial, Carlos Manuel iba hablando y hablando, transformando en palabras sus pensamientos, sus conocimientos y sus propias experiencias en la Zona Sur y casi que desde entonces, en ese primer viaje a Golfito, surgió una idea de concepto que luego se hizo parte del lenguaje político nacional y era referirse a los cantones más hacia el sur de San Isidro de Pérez Zeledón que es un centro fuerte de poder económico, social y político pero que pertenece a la Provincia de San José y con el que los otros cantones del sur tienen sus rivalidades históricas, o sean los cantones de Buenos Aires, Corredores, Golfito, Osa y Coto Brus que pertenecen a la Provincia de Puntarenas y que eran los directamente golpeados por la salida de la Compañía Bananera, referirse a estos cantones como el Sur-Sur o sea el extremo sur real de Costa Rica. Así surgió el Sur-Sur como concepto, como idea y meta, como programa de trabajo y como objetivo existencial para Carlos Manuel Vicente Castro.

A ese empeño dedicó los siguientes años de su vida. No voy a pormenorizar la infinidad de iniciativas que llevó adelante Carlos Manuel. Solo quiero decir que la transformación de esas enormes extensiones de tierra de la Zona Sur del cultivo del banano a la palma africana, es acierto y obra del Dr. Vicente Castro, así como la transformación de cientos de campesinos que eran nada más que asalariados de la Compañía Bananera en exitosos propietarios de la tierra, empresarios y cooperativistas, con fincas que hoy, unos 25 años después, valen una millonada en colones.

Es igualmente idea, acierto y obra de Carlos Manuel Vicente que, en todo ese esfuerzo, como siempre me decía en interminables viajes por carretera hasta Golfito o después de reuniones en La Vaca y la Vaquita o en Corredores o en La Cuesta o bajando por la Fila de Cal desde Coto Brus, que él no había hecho otra cosa que poner en práctica y hacer realidad las ideas simples y profundas de don Pepe de que la única revolución democrática posible, era hacer de Costa Rica un “país de propietarios y no de proletarios”.

Esa vía de transformar asalariados en empresarios y de distribuir propiedad, unida a la conciencia de que solo del trabajo, el esfuerzo y la producción como fuente real de generación de riqueza material, con el respaldo de la banca y la instituciones del Estado, surgirá el camino cierto para progresar y desarrollar al país, es la esencia del pensamiento económico de don Pepe. Carlos Manuel transformó, por ello, su trabajo como Comisionado Nacional en la Zona Sur, en una extensión y en una aplicación práctica y realista de las ideas figueristas. No como resultado de un idealismo abstracto o de una pose académica o de un debate ideológico y teórico sobre la social democracia, sino como resultado de una obligación concreta, práctica y apremiante: recibir la entrega urgente de los valiosos bienes de la Compañía Bananera en la Zona Sur, no dilapidarlos, encontrar y poner en práctica un nuevo paradigma de producción empresarial para superar al banano, transformar asalariados en empresarios, desarrollar e industrializar los cultivos de palma africana, evitar quiebras bancarias y superar con trabajo una de las peores crisis del Sur-Sur de Costa Rica. Ese esfuerzo descomunal y patriótico, se lo debemos todos los costarricenses a Carlos Manuel Vicente.

He creído importante que en este homenaje a Carlos Manuel se conozca esta etapa de su vida que no es la más conocida, como Comisionado Nacional en la Zona Sur, en el gobierno de Luis Alberto Monge. Todos Ustedes conocen su trabajo inspirador e igualmente de resultados tangibles, prácticos y medibles, en el Grupo Raíces para mantener la fidelidad y la lealtad del Partido Liberación Nacional con sus fuentes originales. De eso hablarán mejor que yo otros compañeros, así como de otras etapas de su vida como sembrador de miles de árboles y exitoso empresario hotelera en Golfito, cuando se metió al mejor estilo figuerista con todo y muelle y atracadero no sé cuantos metros adentro del mar con MINAE o sin MINAE, o de sus iniciativas como tres veces Diputados o como Ministro de Gobernación y Policía, al lado siempre de don Pepe Figueres

No quiero abusar del tiempo, pero no resisto en este extremo la tentación de hablar, nada más, de la Guardia de Asistencia Rural que ojalá en el gobierno de Laura Chinchilla se pudiera refundar, para poder volver a ver esos policías de villas y pueblos, en contacto directo con la gente, directamente en las comunidades, con su conocimiento de las familias y sus necesidades, como paradigma de la mejor policía comunitaria que hemos tenido y hasta con sus chonetes y sus vistosas guayaberas de color amarillo, como se las puso en su tiempo Carlos Manuel, para dar testimonio exacto y preciso de que nuestra policía es simplemente policía y no un ejército disfrazado de policía, como igualmente lo dispuso don Pepe al proscribir para siempre las Fuerzas Armadas y el militarismo en Costa Rica.

Lo que yo si quisiera resaltar y ahora sí para concluir esta intervención, es esa faceta de “hacedor de cosas” que diferencia al Dr. Vicente Castro de otros políticos en nuestro país. En eso, también, Carlos Manuel es esencialmente figuerista, porque aunque es inmensamente agradable conversar y dialogar con él y es un hombre de tertulia académica en el mundo de las ideas, lo que lo diferencia y singulariza de otros es su enorme capacidad de hacer y concretar cosas, como se ha puesto de manifiesto en el Grupo Raíces, en donde no solo se ha teorizado sobre la social democracia, sino que gracias al esfuerzo tesonero de Carlos Manuel se han publicado decenas de folletos y libros sobre don Pepe, don Chico, Daniel Oduber, Alberto Marten, Oscar Arias, el Partido Liberación Nacional y la social democracia costarricense. Libros que circulan y se reparten y llegan a las bibliotecas y a las oficinas de los que forman opinión pública en Costa Rica y sirven para mantener vivo el espíritu del 48 como diría, si estuviera entre nosotros, el Padre Benjamín Núñez.

Es esa capacidad de hacer cosas, de concretar iniciativas, grandes y pequeñas, lo que más me impresiona de la vida de Carlos Manuel. Siempre he creído que fue por esa virtud y esa capacidad de transformar las ideas en hechos y en realidades concretas, ese sentido de lo pragmático que es propia de los “hacedores de cosas”, que don Pepe siempre estuvo a su lado y de que cuando el Padre Fundador del Partido Liberación Nacional se preparaba para sus múltiples batallas políticas, llamaba al Dr. Vicente Castro y se iba con él a refugiarse por varios días, solos los dos, como cuates, en el hotel de Golfito, frente al mar, a conspirar y diseñar en detalle sus campañas políticas. De Golfito y como resultado de esos días de reflexión, regresaba don Pepe al Valle Central con la mística de un conquistador y con su hoja de ruta perfectamente establecida. A la par de él regresaba también para luchar a su lado y para ganar las elecciones en las urnas y en el corazón de su pueblo, porque esa era una alianza de triunfadores, su amigo y su confidente el Dr. Carlos Manuel Vicente Castro. Esa es la dimensión y ese es el nivel histórico del hombre que homenajeamos hoy en la Asamblea Legislativa.

Gracias Carlos Manuel por el gran ejemplo de lealtad que nos has dado a las y los liberacionistas durante toda tu vida. Gracias por haber mantenido y difundido entre las nuevas generaciones el pensamiento y la obra de don Pepe y de la social democracia. Gracias por no haber permitido que muriera en Costa Rica el espíritu revolucionario y rebelde del 48 y los compromisos de la Proclama de Santa María de Dota. Gracias por mantener viva la lucha sin fin de don Pepe y del Partido Liberación Nacional. Gracia por habernos enseñado que es “haciendo cosas”, grandes, medianas y pequeñas, como se hace y se construye la Patria. Todas y todos te lo agradecemos.

San José, 23 de febrero del 2010-

Lic. Fernando Berrocal Soto
Ex Ministro de la Presidencia y
Ex Ministro de Gobernación y Seguridad Pública

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